Si hay algo que define a la carrera de Diego Alonso es su versatilidad y capacidad de adaptación a distintos clubes. Como profesional ha defendido 11 camisetas en 5 países, otras 2 como juvenil y tres en el fútbol infantil. Hoy con 36 años todavía tiene cuerda.
El “Tornado”, como le dicen, nació el 16 de abril de 1975, en Montevideo, Uruguay. A los 6 años comenzó a jugar al fútbol en Zorzal, el club del Cerro, su barrio de nacimiento. Tres años después, junto a sus amigos del Colegio Bartolomé Hidalgo se cambió al club Cosmos Corinto, del Prado. Ya a los 12 inició los entrenamientos en las inferiores de Wanderers pero aún combinaba esa actividad con su tercer club de Baby: el Estrella del Norte de Sayago.
El trampolín a Primera
Recién a los 15 años llegaría a Bella Vista, el club que le dio un nombre en el fútbol y lo hizo debutar en Primera. Cuando entrenaba en 5ta División, el entrenador de Tercera, Aníbal Montero, lo ascendió a esa categoría y a los 17 años Miguel Ángel Piazza lo hizo debutar en Primera. “Recuerdo algunas figuras de ese plantel como Ariel López Baez, Juan Ramón Carrasco, Gonzalo Madrid y el Beto Acosta”, comenta Diego.

En Bella Vista estuvo hasta 1999 y en 1997 consiguió el ascenso y el Campeonato Uruguayo de Segunda División. Diego fue el goleador de ese campeonato e integró una destacada generación de jugadores, dirigidos por Julio Ribas, entre los que también estaban Alejandro Lembo, Jorge Casanova, Leonel Pilipasukas, Andirán Berbia, Fabipan Pumar, Guillermo Giacomazzi y Darío Rodríguez. Tras el ascenso y la buena campaña en Primera, en 1998 Bella Vista se consolidó como el equipo sensación luego de ganar primero la Liguilla-Pre Libertadores y llegar a Cuartos de Final de la Copa. Además de los logrs colectivos, Diego consiguió ser goleador, tanto del Clausura de 1998 como de la Liguilla.
Ídolo en La Plata
Diego siempre tuvo olfato dentro del área y la vidriera internacional de la Libertadores le dio la posibilidad de llevar sus goles a Argentina. El destino fue Gimnasia Esgrima de La Plata. Tuvo una gran temporada, en la que recibió el cariño de la hinchada del “Lobo”, una comunión que se mantiene hasta hoy. Los hinchas se identificaban con su estilo: goleador pero a su vez solidario con el equipo y apasionado en cada festejo.

Goles y título en Europa
Un año en el campeonato argentino le bastó para lograr el pase a Europa. En 2001 lo contrató el Valencia, en una etapa donde el club peleaba cosas importantes. En la Champions League de ese año el Valencia llegó a la final por segunda vez consecutiva. Diego convirtió 6 goles y fue el segundo goleador de ese torneo. Su equipo cayó en la final por penales ante Bayern Munich. Pese a caer en dos finales consecutivas de Copa de Campeones, Valencia estaba entre los grandes equipos de Europa, definiendo los torneos más importantes.

Un año más tarde Diego volvió a cambiar de equipo. Decidió seguir en España en la Segunda División para aceptar el desafío de subir de categoría con el Atlético Madrid. El tiempo le demostró que había tomado la decisión correcta: en la temporada 2002 el Atlético ganó el Torneo de Segunda y Diego fue el “Pichichi” (goleador) de la Liga con 22 tantos. En ese equipo compartió plantel con su compatriota Fernando “Petete” Correa de quien se nutrió en varias ocasiones para marcar goles.

Las restantes dos temporadas (2002/03 y 2003/04) Diego defendió al Racing de Santander y luego al Málaga. Si bien no perdió su buena costumbre de hacer goles, atrás había quedado la inolvidable campaña con el Atlético.
En el segundo semestre de 2004 el Tornado se mudó a México donde seguiría sumando logros a su palmarés: con los Pumas de la UNAM ganó el Torneo Apertura de ese año. Solo un año después siguió su camino y regresó a España donde estuvo una temporada ligado al Real Murcia.
Volver a casa
A mediados de 2006 pegó la vuelta al Uruguay para defender a Nacional. Jugó el segundo semestre en el que fue partícipe de una buena campaña tricolor en la Copa Sudamerica. En ese torneo Nacional eliminó a Boca Juniors y un gol de Diego en el Centenario terminó siendo determinante para el pasaje a cuartos de final.
En 2007 se subió de nuevo al avión para sumarse al Shanghai United de China. Exótico destino futbolístico donde también triunfó: el Torneo Internacional A3 quedó en manos de su equipo.

Luego de la experiencia asiática, en 2008 volvió a Gimnasia de La Plata, el equipo donde tuvo una de sus mejores etapas. El fichaje generó mucho revuelo pero a causa de diversas lesiones le costó mucho encontrar continuidad. El equipo platense venía de temporadas muy malas y estaba atormentado con los fantasmas del descenso. Finalmente le tocó jugar la Promoción con Atlético Rafaela por la permanencia, en 2009. El partido de ida casi sentenció la serie, con derrota 0 – 3. El descenso parecía inminente cuando el entretiempo del partido de vuelta tenía un resultado parcial de 0 a 0. Pero el delantero uruguayo, hombre de goles importantes, fue uno de los bastiones anímicos de una remontada histórica. Algo trascendió de la arenga del vestuario, que puso al “Tornado” como uno de sus protagonistas. Alonso hizo el primero de los tres goles (dos en los últimos cinco minutos de partido) para volver a gritar “El lobo es de Primera”. Diego es hasta hoy muy querido por la hinchada de Gimnasia, de hecho existe una filial del equipo de Gimnasia que lleva su nombre.
En agosto de 2009 retornó a Uruguay para jugar en Peñarol, cuadro del que se reconocía hincha, generando alguna polémica por su anterior pasaje en Nacional. Allí se reencontró con Darío Rodríguez y Julio Ribas, su técnico en Bella Vista. Un año más tarde se consagró Campeón Uruguayo con el equipo aurinegro, que hacía siete años no daba la vuelta olímpica.
En 2011, Peñarol llegó a la final de la Libertadores tras 24 años sin definir un torneo continental. El carbonero jugó una Copa espectacular dejando rivales importantísimos en el camino como Independiente, Internacional, Universidad Católica y Vélez Sarsfield. La final frente al poderoso Santos de Neymar y compañía marcó el subcampeonato para los dirigidos por Diego Aguirre. El pueblo peñarolense acompañó al equipo llenando el Centenario en cada uno de los juegos y recibió al plantel en el aeropuerto como unos verdaderos campeones.
Tras esta gesta, el Tornado colgó los botines pasando a estar del otro lado de la raya.
Primera experiencia
Bella Vista no atravesaba el mejor momento económico deportivo de su historia. El equipo necesitaba sacar puntos y confió en Diego, un hombre de la casa. El elenco papal comenzó a cosechar buenos resultados y consiguió el objetivo de mantenerse en primera cuatro fechas antes de finalizar la temporada.